10/26/2016

Calacas de octubre

Que diferente es el día de los muertos con y sin halloween.
En mi infancia pensaba sólo en el "Día de Todos los Santos" y lo relacionaba con muertos, flores, tumbas y una sensación de recogimiento, que la verdad no sé de donde me venía.
Hacia el año 2000, de improviso aterrizó entre nosotros el halloween, con él aparecieron una diversidad de criaturas fantasiosas y en sus más bastas versiones. Los niños empezaron a pedir dulces, al principio tímidamente para después irse convirtiendo en una molestia sin fin algunos años.
Para los que ya estábamos más grandecitos en un principio significó una entretenidísima oportunidad de disfrazarnos "porque sí" e ir de fiesta, pero de a poco el motivo (porque sí) no tuvo peso y en fin, una se pone vieja.
En particular, los primeros años obtuve ganancias económicas haciendo disfraces. Sin embargo, a mis peques casi que no los acompañé a pedir dulces. El mayor pasó dos veces y la menor sólo lo ha hecho una.
Y bueno, adivinaran que en realidad nunca conecté con halloween, porque la verdad eso de las brujas, zombies, momias y más no estaban en mis cuentos favoritos y en general las pelis de terror y lo paranormal me da muy poco o nada de miedo. Ni yo entiendo por qué.
Lo que sí me gustó mucho en el 2010 fue conocer cómo pasaban este Día de los Muertos en México. Con ofrendas a sus difuntos, comidas, bebidas, iluminándoles el camino a casa, etcétera (no soy la más entendida). Pero sobre todo, me encantó la ironía que hacen de la muerte, representada por la Catrina y es que han convertido algo espeluznante en un cuento en si mismo.
El Día de los Muertos Mexicano, tiene la mezcla perfecta, de vida y tradición, eso además del toque kitsch necesario para abducirme.
El año pasado en esta misma fecha lleve a Leonela a ver El Libro de la Vida, a pesar de sentir que ella no estaba preparada para comprenderla.
Y bueno, todo esto lo escribo porque le hice un conjunto a Leita con una tela con estampado de calacas.



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